Prosa

Historia de primavera

La primavera. Observo los frutos que crecieron en el árbol. Eran muchos. Recuerdo mi infancia. Porque estos árboles son de aquellos años. Ellos mantienen en sí los días pasados. Días tristes, felices y dolientes. Estoy buscando los árboles que había plantado. Me contento al ver estos árboles. Son como mis hijos. Al mismo tiempo

Guión

Llovía fuertemente. Empecé a caminar rápidamente a casa. Al llegar a casa, mi madre estaba a la puerta exterior.
-¿Mamá, adónde vas? ¿Qué pasa? Mi madre, preocupada:
-Tu tío está solo. Dios sabe qué está pasando. Voy a traerlo. Regresaré cuando tú

Veinte años después

Era domingo y llovía. Estaba sentado en mi butaca leyendo periódico. Mi mujer pasó de la cocina al cuarto. Dejó el rosario blanco en su mano:
-El almuerzo está preparado. Vamos a la mesa. Que no se enfríe la comida.
-Está bien. Voy. Vamos a comer juntos.

Un compañero cómodo

Como mucha gente que no puede soportar el calor del verano, descansaba mi casa de verano. Pero tuve que regresar urgentemente a la ciudad al recibir una noticia desde la oficina. Me encomendaban para hablar con una delegación extranjera. Agobió a todos el discurso larguísimo de uno de los delegados del ministerio en que

Dos ojos

Otoño. El está solo. Como no está con él su amante, decidió recibir en solitario a la senectud. Recuerda todo lo que pasó en su vida. Entra tranquilamente en sus sueños y después se mira en el espejo como si quisiera ver allí todo lo que pasó en

Amor y odio

Ya es la noche. Me gustaba que mi madre entrase sin ser invitada en mi habitación y empezase a hablar conmigo. Mi madre dijo:
-¿Qué tal, hijo? No estás enfermo, no?

Lámpara encendida

Aquella noche hasta las estrellas del cielo brillaban como las lágrimas que se derraman de los ojos. ¿Dónde está mi estrella entre aquellas estrellas? La estrella más pálida es la mía.

Perdido

Esta persona sola y tranquila es mi director. Un cuarentón. Lástima, porque tiene una enfermedad irremediable. Su rostro estaba pálido y doliente. No dejó de tener la esperanza y fue a médicos muy conocidos, pero nadie pudo encontrar un remedio

El mundo que pasa por la leyenda

Soy el viajero que transita sin preguntar nada a nadie. Muchas veces me afligía por lo que pensaba durante el viaje. Tenía una tristeza tan grande que podía olvidar con facilidad muchas veces. La gente sabe que cuando la razón llegaba a su desenlace,
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