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La caridad: ¿Opción o preferencia?

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A veces, las coincidencias de nuestras vidas nos hacen reflexionar sobre interesantes temas. Una vez presencié la charla entre dos personas. Una persona menor que la otra preguntaba: -Usted es una persona buena. Ayuda a todo el mundo que necesita, sin discriminar mentirosos u honestos. A lo mejor está mintiendo. ¿Por qué lo hace?
La respuesta de otro me soprendió. Mencionó una de las hadices del Profeta Mahoma: “Hijo de Adán. Yo te pedí comida por medio de uno de mis fieles. Pero tú no me la has dado. Sabes, si le dieras la comida yo te premiaría. Hijo de Adán, yo te pedí agua por medio de uno de mis fieles. Si le dieras el agua, yo te premiaría”.
Con el pasar de los años recuerdos mi infancia y cada vez encuentro los gustos que me dan conocimiento y que nacen conmigo en lugar de lo que me dieron los años. Lo que me dijo este hombre me hizo reflexionar. En la octava clase fui a la escuela con una camisa muy bonita. Y el estudiante extranjero miraba con mucha admiración a mi camisa y me preguntó si había otra camisa para él. Yo le dije que no tenía otra, pero sí que podría dar la mía. Se alegró mucho. Me quité la camisa y se la dí. Así que le dí un momento de felicidad.
Tal vez la ayuda a los necesitados deba comenzar a partir de nuestro nacimiento no en el resultado del bienestar o la experiencia de vida. Debe acompañarnos durante toda nuestra vida.
Todo lo que nos abarca, todo lo que tenemos es físico. Nadie puede llevar nada a más allá. Entonces nosotros nos olvidamos de ayudar a los parientes y necesitados dando prioridad a lo material.



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