Prosa

Momento de la muerte

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Delante de mí estaba la juventud colocada en este camino luminoso. Y yo le veía persiguiendo. Le pregunté después de ir un rato:
– ¿Dónde estamos?
– En la plaza de las dudas.
- Volvamos. Me asusta la gravedad de aquí.
– Paciencia. Aquí es el comienzo del camino necesario para entender las dudas.
En aquel instante observé mi alrededor. Todo el mundo estaba en mis ojos. Parándome en la oscuridad traté de resolver el rompecabezas de la vida que la gente disimulaba. Ojala todo fuera una mentira, ojala que no los hubiera visto. Grité sin contenerme.
La luna se hacía diminuta. Pero todavía resplandecía al aire limpio. En el misterioso crepúsculo se exhalaba la aroma de los guindos. El entorno estaba tranquilo, inmóvil. Un inexplicable sentimiento dominaba mis nervios. La juventud que se había alejado bastante de mí, musitaba algo prendida del brazo de su viejo padre. El padre escuchaba a su hijo sin decir nada. Nadie les impedía. De repente me encontré en un sitio sin rango sin autoridades. Con todo mi corazón estaba sobre los cielos. Escuchaba cada voz, cada palabra. Y después no vi nada. Me volvió la conciencia sin oír esa voz.



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